sábado, 25 de febrero de 2012

El hijo secreto de Adolf Hitler

Era francés y se llamaba Jean-Marie Loret. No lo supo hasta los 30 años, hasta que, poco antes de morir, su madre se lo confesó todo. La impresión fue tremenda y le costó muchos años digerirlo. Pero finalmente decidió enfrentarse a ellos con valentía. En 1979 acudió a un abogado que le ayudó, primero, a hacerlo público, y, después, a encontrar las pruebas biológicas que confirmarlo. Efectivamente, los análisis dejaban muy claro que era hijo de Adolf Hitler. El semanario francés "Le Point" ha revelado toda la historia en rigurosa exclusiva.

Año 1917, los alemanes ocupan una franja del norte de Francia. La Primera Guerra Mundial había comenzado hacía tres años. Charlotte Lobjoie era una chiquilla de 16 años que vivía en Seboncourt, cerca de Lille. Era campesina y un día, segando junto a una amiga, vio que muy cerca un soldado alemán de permiso estaba dibujando. Era Adolf Hitler. Curiosa, se acercó. "Estaba predestinada", explicó años más tarde a su hijo. Inmediatamente comenzaron una relación y el mes de marzo del año siguiente nació Jean-Marie.

Se ve que durante todo el festejo el soldado se comportaba de una manera extraña. Le gustaba pasear, y "inspirado por la naturaleza, pronunciaba discursos en voz alta haciendo como si se dirigiera a un público imaginario". Terminada la guerra, el militar regresó a Alemania y Charlotte tuvo que llevar al hijo sola. No fue fácil porque todo el pueblo sabía que la criatura era hijo de un soldado enemigo. En la escuela, los compañeros de Jean-Marie no paraban de mortificarlo diciéndole despectivamente "hijo del alemañote". La madre no pudo más y se lo dio en adopción a una familia llamada Loret. Era el año 1930. Jean-Marie tenía 12 años.

Se hizo grande y, llegada la Segunda Guerra Mundial, el joven Loret se alistó para luchar contra los alemanes -quien se lo iba a decir, contra el ejército de su padre-. En primer lugar, lo destinaron a la Línea Maginot, y más tarde ingresaría a la resistencia, donde se le conocía por "Clément".

Pocos años después de terminada la guerra, a principios de los 50, justo antes de morir, su madre se lo confesó todo. Absolutamente desquiciado, Jean-Marie Loret decide que "para no caer en la depresión",trabajaría sin parar, ininterrumpidamente, sin vacaciones. "Durante veinte años -dijo una vez-, no fui nunca al cine.

Pero su inquietud no disminuía, sino todo lo contrario, porque cada vez tenía más pruebas de la identidad de su padre. Un estudio grafológico demostró que tenía la misma letra que Hitler, las fotografías revelaban que ambos tenían una retirada, descubrió pinturas escondidas en el ático de la madre con la firma del dirigente nazi, y papeles de la Wehrmacht que demostraban que la señora Lobjoie recibió sobres con dinero durante la Segunda Guerra Mundial.

Jean-Marie no pudo más y buscó un abogado, estaba decidido a exorcizar su pasado. Este abogado es François Gibaut, que aún recuerda como si fuera ahora la primera conversación que tuvieron. "Señor -le dijo Loret-, soy el hijo de Adolf Hitler. Dígame qué debo hacer!" Era en 1979, seis años antes de que Jean-Marie Loret muriera sin haber podido probar a efectos legales la identidad de su progenitor.

Ahora, el semanario Le Point proclama que todo es verdad, que se han podido autentificar todas las pruebas. Si los estados francés y alemán las dan por buenas, ahora, la familia Loret podría ver recompensados, aunque fuera sólo en parte y simbólicamente, de forma económica, el infortunio, la vergüenza, la angustia y, sobre todo, los esfuerzos de Jean-Marie para hacer aflorar toda la verdad. Según el abogado Franços Gibaut, los hijos de Loret podrían reclamar con toda justicia el cobro de los derechos de autor de "Mein Kampf", el famosísimo libro del abuelo Adolf.



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