viernes, 27 de enero de 2012

El Cid y el león

"Estaba el Cid en Valencia con todos los suyos; sus yernos, los infantes de Carrión, le acompañan. El Campeador, sentado en su escaño, se había dormido, cuando sobrevino algo inesperado: el león se escapó de la jaula y se desató. Toda la corte estaba espantada. Los del Campeador embrazan los mantos y rodean el escaño donde dormía su señor (para proteger su sueño). Uno de los infantes, Fernán González, no hallaba dónde meterse, ni encontraba la puerta abierta en torre ni cámara, al fin, a impulsos del miedo, se agazapó bajo el escaño. El otro, Diego González, salió de estampía gritando a voz en cuello:
-¡Ay, Carrión, no volveré a verte!
Y fue a esconderse tras una viga de lagar, donde puso el manto y la túnica perdidos.
Despertó a esto el que en buen hora nació, y vio que le rodeaban sus buenos varones.
-¿Qué ocurre, mesnadas, qué queréis aquí?
-¡Ay, honrado señor, el susto que el león nos ha dado!
El Cid se acoda en el escaño; se levanta después y con el manto prendido al cuello, como estaba, se va derecho para el león. Cuando el león le vio venir se atemorizó de manera que bajó la cabeza e hincó el hocico.
El Cid don Rodrigo lo cogió por el cuello, y cual si lo llevara por la rienda, lo metió en la jaula. Y todos los que tal vieron volvían a palacio maravillados.
El Cid preguntó entonces por sus yernos, que nadie le daba razón, y aunque los estaban llamando no respondían. Cuando al fin dieron con ellos, estaban tan demudados que toda la corte se deshacía en risa, hasta que el Cid impuso respeto. Los infantes quedaron muy avergonzados y lamentando profundamente el suceso."


Cantar de la afrenta de Corpes. Poema de mio Cid. Anónimo.

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