miércoles, 30 de marzo de 2011

Los mares perdidos del Pacífico

Siempre deseé vivir en paz, tener una familia, una casa, unas tierras que cultivar. Sencillo y feliz reflejo de mis años de infancia en la granja de mi abuelo. Pero después de la Gran Depresión y el suicidio de mi padre, lo tuvimos que dejar todo a causa de las deudas que nos había dejado. Embarcamos en el primer barco un 18 de noviembre de 1930, el otoño más frío y triste que he vivido nunca, con un solo destino: Los mares del Pacífico Sur y una de sus 25.000 islas.

Mi madre hablaba de una pequeña isla llamada Niue, conocida como La Roca de la Polinesia, la verdad a mi me importaba tres pepinos como se llamara ese pedrusco, yo no quería dejar San Diego, ni mi casa, ni mis amigos. Pero antes de que dijera nada mi abuela me pegaba un tortazo en el cogote, donde más suena. Aún así el destino real del barco era Nueva Zelanda, la nueva tierra de oportunidades junto con Australia, según decía la prensa norteamericana.

El viaje no iba a durar más de dos semanas, pero llevábamos ya un mes cuando nos empezábamos todos a preocupar y a pedir explicaciones al capitán del barco. La gente tenía hambre, había escasez de medicinas y agua potable. La noche de Navidad hubo un motín, la gente no cabía en razón que no pudiéramos disfrutar de las fiestas navideñas en tierra firme. Un grupo de hombres entraron en el camarote del capitán destrozándolo todo, al entrar lo encontraron colgado de una soga, con el cuello partido. Sin rumbo y sin capitán, un barco perdido en el océano más grande de la Tierra.

Este es un mensaje que voy a meter en una botella, por si llega a alguien, que sepan que llevamos unos dos años perdidos en el mar. No nos quedan fuerzas, el agua de lluvia nos da las pocas gotas de vida, más de la mitad de la tripulación a muerto o desaparecido, hay gente que se ha vuelto loca y se ha tirado al mar, perdiéndose en el infinito. Los pocos que quedamos pescamos lo que podemos para sobrevivir. El barco se ha quedado sin combustible y vamos a la deriva a merced de las olas. Hemos perdido la noción del tiempo y no vemos ni un trozo de tierra en el horizonte. Las noches se hacen cada vez más oscuras. Toda mi familia a muerto. Hace frío, tengo miedo. Esta es mi carta de despedida...

Me llamo Henry Patterson, tengo 14 años.
Pasajero 72 de tercera clase. Vapor California.

4 comentarios:

  1. És molt bo. M'ha agradat molt.
    Que desaprofitat estas cari...

    PS - Per què no converteixes aquest microrelat en una novel·la???

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  2. Jajajaja, gràcies Xesca :)
    La veritat es que m'ha quedat llarg, i m'han quedat idees per escriure que no he posat, però com tenia que ser un microrelat... no el podía fer més curt. Vaig escrivint i improvisant a la vegada.
    Si, fa dies que penso crear un bloc nou per una novel·la llarga, però encara no em decideixo jajajaj.

    Petons!

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  3. De res, ja saps que sóc sincera i molt crítica.
    Penso que escrius massa bé per a que el que escrius es "perdi" en l'immensitat de la red.
    Per què un blog?... Escriu una novel·la, editable... en paper, com les de tota la vida, de les que et pots endur de viatge, a la platja, al tren o al llit.
    Vinga! Posat les piles! (de bon rotllo, eh, no vull semblar la Rottenmeyer... Però fes-ho ja! :P)

    Big kiss!

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  4. Ostres una novel·la de paper..això ja son paraules majors eh jajajaja no nego que es un dels meus somnis publicar algún dia un llibre. Però crec que estic molt verd, necessito moltes crítiques per poder millorar, per això, t'agraeixo que siguis sincera i crítica ^^

    Un petonàs!!

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