domingo, 20 de junio de 2010

Previsión de esta noche: insomnio

Otra noche más, la gente duerme y yo me pongo a escribir. Sin sueño pero sin ánimos empiezo a garabatear palabras sin sentido, esperando que algo coherente se una por arte de magia, pero nada. No hay nada peor para un escritor que quedarse sin ideas antes de empezar. Llega el momento en que la marihuana sale al descubierto como último recurso. Mientras que a cada calada aniquilo una neurona, esta me deja una idea antes de desaparecer. Escribo rápido, frases largas, con faltas y sin puntuaciones. Escribir, calada, escribir, calada, escribir, calada, escribir, calada, escribir, escribir... Sin darme cuenta ya tengo cinco páginas, pero estas son pocas con todo el trabajo que me han encargado. Así que me lío otro porro. Ni escribo lo que pienso, ni me paro a pensar lo que escribo. No siento nada de lo que esta a mi alrededor, ni de la pelea de borrachos de la calle, ni de la puta gimiendo en el bloque de enfrente... Solo la primera luz de la mañana me despierta de un trance literalmente terrorífico. En el suelo bolas de papel arrugadas con letras ilegibles, el cenicero a rebosar y delante de mi una montaña de hojas ordenadas en bloque. Ochenta y ocho páginas... es deficiente si, pero por hoy es suficiente.

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